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3. LA MODELO. 1980.

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image Pasillo de entrada de detenidos de la cárcel barcelonesa. / Alberto Estévez / EFE

Mi profesión y negocios, comparados con lo caído encima, eran una insignificante turbulencia. De ser, para un reducido grupo de conocidos, el Del Barco de la Caja General de Crédito, una pequeña Sociedad Cooperativa de Crédito, a convertirme gracias a la PRENSA en el del CONSORCIO DE LA ZONA FRANCA.

Y de unos problemas jurídicos por dos grandes urbanizaciones, provocados por una serie de situaciones, como la fusión con CAJA IBERICA, que a la vez se fusionó con el BANCO CENTRAL, provocándome problemas de financiación, sin relación alguna con los De la Rosa y su Consorcio hasta muy entrado su “desfalco”, me convertí para la prensa en toda una serie de “profesiones” y personalidad. La más graciosa, “directivo” del Consorcio, aunque la de “secretario” de Antonio de la Rosa almacenaba más malicia. Releyendo ahora los recortes de prensa me pregunto como en tan poco espacio de tiempo pudieron lanzar tantos inventos, incluso contradicciones, y sin que ningún periodista o medio se interesara por la verdad, ¡con lo fácil que hubiera sido preguntarme a mi, a mis empleados, familia, conocidos, registro mercantil, incluso agencias de informes!. El Grupo Z (El Periódico e Interviú) lideraba la campaña. Y entre los “directivos del Consorcio en prisión”, dictado por Pascual Maragall, nombrado delegado del Ayuntamiento en el Consorcio, doble sueldo, aparecía a toda página la publicidad del BANCO GARRIGA NOGUÉS, o BGN INTERNACIONAL, pero NUNCA en ningún medio se citó a JAVIER DE LA ROSA, a pesar que mis declaraciones y escritos al JUZGADO no solo centraban el Banco y Javier como “colaborador necesario” sino hasta “autor necesario”, convirtiendo los talones con beneficiario falso en EFECTIVO disponible.

Pero si la prensa enturbiaba mi relativa tranquilidad en la SEXTA, mis abogados, Soler Fisas y Pascual Estevill, me excitaban con su frase favorita “esto es un tema político”. Mentalizándome además con que la policía de Justo Aguilera me convertía en el “cerebro” pues por mi reconocida capacidad profesional, según ellos, era más capaz que Antonio de la Rosa, situado en su informe a un nivel de alta “macroeconomía” frente a mi “microeconomía”. Y barajando la posibilidad de una FIANZA justificaban su visita, y preparaban exprimir a mí y al caso. Sin embargo, yo atento a la llamada del altavoz. Una tortura lo del altavoz por si tus abogados traen buenas noticias. Y así tres años, hasta el juicio.

Alentar esperanzas es fácil para sinvergüenzas de la catadura de Pascual Estevill, máxime a un terminal, y el ambiente contribuía. Si la crisis del 73, la muerte de Franco, y las turbulencias de todo tipo, crearon quiebras a mansalva, y por lo tanto estafas, allí apenas si nos encontramos en principio una decena por temas de “bolígrafo”, alentando la idea de la “FIANZA”, y TODOS los conocidos durante TRES AÑOS la consiguieron, exceptuando los del CONSORCIO. La creencia popular de que con dinero no se entraba en prisión, se convertía en cierta. Sin antecedentes penales, la “fianza” era lo habitual. Tan poca gente, por dinero, que aún se hablaba de Vilá Reyes, el de MATESA, a quien la prensa nos comparó. En sus antípodas de “clase social” el último de los ajusticiados por garrote vil, Puig Antich (de los dos hacía unos seis años), que con los motines y fugas, formaban las fábulas del lugar.

CHUECA, el del túnel, vecino de celda, me insistía. “Os pondrán fianza, pero con ese De la Rosa, lo tenéis mal…yo viví unas letras avaladas por el Banco Garriga Nogués colocadas a inversores, y hasta a bancos suizos, apareciendo duplicadas…y el Banco por teléfono confirmaba tanto verdaderas como falsas…varios cientos de millones”. Me sonaba a lo de los terrenos falsos, con Pascual Estevill asegurándome tener localizados al equipo de abogados, en Rambla Cataluña, que gestionaron toda la operación de terrenos de Montornés, verdaderos, falsos, y falseando también con precios desorbitados los contratos de las compras reales. Con el tiempo esas y otras pruebas no se siguieron y hasta desaparecieron.

Y Serena y Bruna insistiéndome que no cargara las tintas contra Javier, que el autor era el huido padre. La primera de las diferencias con mis dos compañeros de causa. “Rafael, estoy de acuerdo que el desfalco es mucho mayor, pero Javier no intervino…y tus acusaciones nos complicarán la vida”. ¡Ya lo creo que me la complicaron!. “Pero Fernando, te declaras “administrador” de Antonio, y Justo Aguilera informa que tus ventas de coches no son más que “blanqueo”, y por las cifras en el sumario ni tú significabas nada en las cantidades barajadas por los De la Rosa, ni mucho menos necesitaban esas ventas de cincuenta automóviles para blanquear…tienen ese Internacional BGN anunciado con total desvergüenza”. “No debí bajar de mi pueblo…”. Y si Serena se sentía culpable por el hecho de abandonar su pueblo, Campo, en el Alto Aragón, e iniciar una nueva vida en Barcelona, en principio conduciendo camiones, Bruna, sin responder a ninguna de mis preguntas sobre el CONSORCIO, le daba vueltas a la doble vida de Antonio, su amigo de toda la vida. “Déjate de orgías, yo nunca participé en ninguna de esas orgías…ni Serena, supongo, eso es un invento, una cortina de humo”. “Pero Serena le presentaba chicas…”. “¿Y eso le convierte en culpable?”. “Y tú estuviste con Antonio en París y ese crucero”. “Sospecho una más de las trampas…y allí nada de orgías, yo fui por trabajo…y él montó unas escenas de viejo verde y putero…seguro premeditadas para que pareciera lo que no era, y ¿quien las lanza contra mí?...él mismo…o sea, Javier, su hijo…y la fábula de que pervertimos a su padre”. “Pues era un hombre de misa diaria”. “¿Qué me estás diciendo…que los de misa diaria no llevan doble vida?”.

Al juez de instrucción Miranda de Dios, DEL OPUS, “le impresiona lo de discotequeros y las orgías”. Yo entonces ignoraba que le impresionó más el PISO que le proporcionó PIQUÉ VIDAL, abogado de los De la Rosa, cercanos también al OPUS. Veinte años después cuando un periodista preguntó al juez por esos pisos contestó que Piqué Vidal (ya se le conocía por el hombre del maletín) era entonces un profesional honorabilísimo y que en su juzgado nunca supo de asuntos de su Bufete, rasgándose las vestiduras porque alguien pudiera dudar de sus cuarenta años entregados a la Justicia.

Conversaciones del infinito patio. “Se ha de ampliar la denuncia en los diez mil millones… o si no, tu propia defensa debería incidir en esos doscientos millones de talones con beneficiario falso ingresados o pagados por el Banco Garriga, antes de que tú fueras nombrado Delegado del Estado”. “Estamos en ello, pero Antonio pudo engañar a su hijo como lo hizo conmigo…”. “O viceversa…el hijo engañar al padre, o los dos a una…o solo el hijo, puesto que el padre poco pasaba por el Consorcio”. Y si los encarcelados opinaban así, Rafael Jiménez de Parga, abogado del Ayuntamiento (ahora acusado por las extorsiones y chantajes con Pascual Estevill y Piqué Vidal), incluiría su frase de “El Sr. Del Barco lo que pretende es magnificar el caso para conseguir su libertad con fianza”.

Y mi mujer conseguía más día a día. Según la guardia, las visitas por el locutorio de jueces se alargaban. Un bálsamo unos cuantos besitos entre las rejas sin cristales de separación. Tardaríamos en conseguir un “visavis”, nada se regalaba de inmediato, aunque aquellos “visavis” ni parecidos a los de años después con celda, duchas y condones. Una sala con varias familias, unos asquerosos urinarios, o un armario donde cabía una pareja, pero con libro de familia y cada cuatro o seis meses. En principio, soñando con la fianza, o ante la vejación del denominado “vis a vis”, ni se planteaba.

En la misma cabina Pascual y Soler Fisas me convencían que mis letras por la venta de la discoteca Charly Max, con contrato denunciado, 52 millones (de los que yo tenía 30 en letras), y por tanto podrían embargar, se las cediera justificando MINUTAS, y él me devolvería el dinero. Maldita solución. Otra incógnita, el juzgado no embargó las letras (a pesar de citar la operación en la sentencia), pero Pascual tampoco devolvió el dinero. Y para remate, el único amigo, mi socio del HOTEL RITZ, Antonio Parés Neira me visitaba alabando el buen hacer del ya abogado común, a la par que se guardaba, y desaparecería, una documentación reflejando nuestros intentos de venta de los terrenos del Consorcio en Montornés (actual Circuito de Cataluña), demostrando mi ignorancia sobre su falsedad.

El frontón se convirtió en el desfogue de cada día. Unas duras pelotas con núcleo de miga de pan e hilo de varios calcetines que se “colgaban” a cubos entre los muros, obligando a pagarlas nuevas y usadas. Camacho, un joven atracador, Koldo de la ETA, y “Cuello de Toro”, un sesentón delincuente de toda la vida, elevaban el nivel de juego a cotas de entusiasmo público.

La tranquilidad de la SEXTA no solo la alteraba las noticias exteriores, las interiores amenazaban tormentas. La Tercera y la Cuarta no se resignaban. Si las razias, palizas y traslados acabaron con los motines de los últimos 70, las condiciones habían empeorado. La masificación y los preventivos, sin límite en el tiempo para el juicio, aumentaban. Y la política del durísimo y corrupto director CAMACHO encendía los ánimos. Cada día aparecían rudimentarias armas, y no tan rudimentarias, como una pistola del veintidós.

Y por primera vez, un par de semanas, saltó en mi entorno la muerte, a unas celdas de la mía. Un desgraciado aporreando la puerta durante la noche. El infarto llegó antes que los “enfermeros” (presos con bata sucia). Las habría a decenas. Los de guardia en el Centro, la garita desde donde se veía y oían las galerías, andarían ocupados, borrachos, en las sacas nocturnas por incidentes ocurridos durante el día, y chivados por los conductos habituales, aplicando los oportunos correctivos en el sótano de la Quinta. ¿Eh, jefe de Centro Pastor, y de Servicios Don Fernando?. A Pastor le encanta contar a la prensa y televisión la ejecución de Puig Antich, pero nunca contará las muchas ejecuciones “ilegales” de sus demasiados años de servicio. De carcelero con gorra y porra, a Jefe de Servicios, y oficinas hasta la jubilación.

Continuará…

Autor: Rafael del Barco Carreras / La Gran Corrupción
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