17. FOSAS COMUNES. Ley de la Memoria Histórica. La Modelo 1977-1983
Intento traspasar esa muralla de palabras que escribiendo o reescribiendo la Historia empareda verdades, y sobre el franquismo y su continuidad tras Franco, con infinidad de mentiras y silencios en las hemerotecas, se pasa página con eslóganes parecidos a “Adolfo Suárez era cojonudo” o que “el Rey nos trajo la Democracia”, y no es tan sencillo, al igual que con la Guerra y la Dictadura los sufrimientos no se borran hasta pasadas varias generaciones. Fraga, Carrillo, Suárez, el Rey, santificados fuera de discusión a pesar de sombras o recubiertos y silenciados pozos oscuros. Infinidad de asuntos y crímenes quedaron en la impunidad y con falsa versión oficial.
La del Cuartel Madrileño, o Paracuellos, tienen hijuelas quizá menores en número de huesos descubiertos o a descubrir pero igual de importantes para sus deudos, e incluso para quienes sufrieron del terror de saber de su existencia.
Es una mera suposición avalada por mi triste experiencia, pero desde aquí, con las posibilidades de INTERNET me atrevería a pedir que cuando derriben La Modelo se busque, con el mismo cuidado que ante un yacimiento arqueológico, los huesos que a buen seguro yacen en su subsuelo. Se aclararía alguna de las archivadas denuncias de torturas, fugas y desaparecidos.
Y si para Fraga y Carrillo es fácil justificar tanto muerto del franquismo y comunismo por sus fanáticas convicciones amparadas en un cerebro sin fisuras, en el caso de Suárez y otros, sin más fanatismo que trepar en la vida, el Ahlzeimer puede ser la reacción del alma rota, expulsando lo que no se desea recordar. Un “nirvana” incontrolado auto inducido. Las perversiones cobrándose su precio. Y sobre el Rey, heredero por Franco y de Franco, y dictador absoluto hasta la Constitución, si ni siquiera se ha escrito de sus “amores” y poco de su afición por hombres como Mario Conde o Javier de la Rosa no seré yo que traduciendo rumores me meta en berenjenales, aunque afecten directamente mi vida, sin que ni siquiera supiera de mi existencia. Tampoco su abuelo Alfonso XIII supo de mi pobre padre y tíos en la guerra de África del 21, o su bisabuelo, Alfonso XII de mi abuelo Pablo en la de Cuba del 98, aunque en mi caso no se atacara por EL IMPERIO ESPAÑOL sino a favor de negras fortunas.
Peliagudo el tema, en activo funcionarios y ¡en las direcciones generales!, y unos cientos jubilados, incluso con leves condenas por sumarios mal instruidos, los más exculpados, con los consiguientes encubridores en policía, fiscalía y juzgados, y más entre los propios compañeros que si no participaron, ocultaron y callaron. Además les arropará el Sistema, ¡donde va este loco!, ¡buscar huesos!, ¡investigar, el ADN!. Les enfadará mi propuesta, y soy consciente de su falta de escrúpulos y total amoralidad, pero hace tiempo dejé de temer a energúmenos y corruptos, esos que “lo arreglan todo” a hostias, con mano dura, ¡menos su propia corrupción!. Una inconsciencia por mi parte porque además a esos delitos ni les alcanzan las leyes del “borrón y cuenta nueva” posfranquistas (sospechosa su oportunidad, e injustas para víctimas y la mayoría de la población, gente de bien, que nunca robó o asesinó), y posiblemente NO HAN PRESCRITO.
Autor: Rafael del Barco Carreras
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