No confundir lealtad con complicidad
Es indudable que los actos de corrupción han vuelto a golpear a la sociedad peruana. Sus tentáculos aparentemente han contaminado diversos niveles de Gobierno y hoy pasa factura haciendo caer al gabinete en pleno. Viene una larga lista de imputados en actos de corrupción, las investigaciones darán cuenta de ello.
Estos audios hicieron rápidamente recordar a un importante sector de la ciudadanía: el primer gobierno de García que precisamente no se caracterizó por su buena administración y honradez. Para muestra un botón. El ministro que fue cuestionado y acusado de enriquecimiento ilícito en su primer Gobierno y que siendo reo contumaz esperó que prescribieran sus delitos para volver al país.
Él es precisamente el actor principal en los actos de corrupción de este segundo Gobierno. Es lamentable la muy mala memoria de los peruanos, si alguno al votar por García en las últimas elecciones le daba el beneficio de la duda, a estas alturas la cosa no está muy clara. No olvidemos el viejo adagio: ¨gallina que come huevos... aunque le quemen el pico¨.
Esta nueva novela de corrupción no tiene cuándo acabar, lo que consiguió es que un importante número de peruanos estén perdiendo la confianza en este Gobierno. El iceberg de los audios del escándalo trae por los suelos la falsa creencia de algunos militantes del partido de gobierno, de creer poseer una superioridad moral sobre los demás, que les hace inmunes a cualquier tipo de excesos.
Seguro que se seguirán destapando hediondos casos de corrupción de este gobierno, pero hay fórmulas para llegar a la verdad y quiero comentar mi propio caso. En el año 2004, fui acusado y procesado por difamaciones y calumnias de internos de algunos penales, ello se comprobó en el juicio oral. Pero a mi solicitud, en la segunda cita de la comisión de fiscalización que la presidía el hoy presidente del Congreso, alcancé una carta notarial levantando mi secreto de las comunicaciones, tributario y bancario.
Como experto en seguridad puedo señalar que la única herramienta que puede desenmarañar una red de corrupción es precisamente una prolija investigación en las comunicaciones de los que están acusados o involucrados. Como dice la vieja frase del propio presidente García: ¨quien nada debe, nada teme¨. Habrá que demostrar en los hechos que no queda solo en palabras.
En adelante esta lección servirá, espero, para que los funcionarios públicos accedan al poder creyendo que la democracia es permisividad para el delito o reparto de la riqueza ajena. Mucho cuidado de condicionar a la justicia para convertirla en dócil instrumento de gestión, ya sabemos dónde acaban aquellos que entraron al juego del poder.
Los fiscales y jueces constituyen la última línea de defensa del orden civilizado, ya que si por miedo o conveniencia se someten, podría ocurrir en la escena peruana aquella advertencia de San Agustín (354-430): ¨cuando el Gobierno consigue doblegar a la justicia para que prevalezcan sus intereses, el Estado se convierte en Latrocinium, es decir en una banda de ladrones¨.
Finalmente, el propio Presidente de la República calificó de gravísimo este caso y de ¨ratas¨ a sus protagonistas. Sin duda, no estamos frente a un escandalete como algunos compañeros intentan llamarlo, ya que este escandalete hasta el momento se trajo abajo al propio gabinete y la novela todavía no acaba.
Si realmente se quiere llegar a la verdad, levantemos el secreto de las comunicaciones no solo a los principales imputados. Hay indicios razonables para hacerlo con todos los nombrados en los audios ¿o no? Se debe tener mucho cuidado al difamar honras sin prueba alguna.
César Ortiz Anderson



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