Richard Ramirez, el Night Stalker
Los asesinos seriales suelen seguir unos patrones de conducta determinados dentro de cada una de sus tipologías. Pero en el caso del “merodeador nocturno”, Richard Ramírez, todas las suposiciones previas fueron echadas por tierra ya que este norteamericano de origen latino llegó a satisfacer todas sus ansias de sangre de una forma tan impredecible como brutal. Inspirado en el satanismo y el desprecio hacia la sociedad, el Night Stalker se convirtió en una de las mayores pesadillas vivas para los estadounidenses.
Ricardo Leyva Ramírez nacido en 1960 en El Paso (Texas), lograría a través de sus crímenes el dudoso honor de convertirse en uno de los más cruentos asesinos de la historia de la criminología. Bautizado por la prensa en un primer momento como el “Intruso del Valle” pasó finalmente a ser conocido como el sanguinario “merodeador nocturno” que mantuvo atemorizada a la sociedad estadounidense durante casi dos años.En sus crímenes quedó patente un cierto desorden mental, tan pronto se comportaba como un asesino organizado planeando mentalmente el crimen y sin dejar indicios incriminatorios, como lo hacia desorganizadamente creyéndose protegido por Satán, hasta el punto de olvidarse el arma en la escena del crimen o pararse tranquilamente a hurgar en la nevera de la victima.
EL PRIMO MIKE
Dicen los que lo conocieron que ocurrió un cambio radical y definitivo en su conducta cuando entabló relación con su primo Mike, un ex combatiente de la guerra de Vietnam que había quedado visiblemente afectado por lo que lo tocó vivir en combate. Junto a él comenzó a adentrarse en el mundillo de las drogas y también empezó a disfrutar de la violencia, de esa satisfacción que produce la sangre en un mínimo porcentaje de la población mundial.
Su primo Mike disfrutaba relatando a Richard los crímenes de guerra que había cometido en Vietnam. Incluso le enseñaba su colección de fotos polaroid que había realizado a sus supuestas victimas, donde aparecían violadas, asesinadas y mutiladas.
El ex combatiente solía decirle a Ramírez que arrebatarle la vida a una persona era lo más cercano a ser un dios, era el poder máximo que podía llegar a experimentar un ser humano. Con una compañía como esta, en una edad tortuosa y clave en la definición de la personalidad como lo es la adolescencia, a Richard Ramírez no le resultó difícil aprender a adorar el culto a la sangre.
Un día la mujer de Mike recriminó a su esposo su falta de actividad. La respuesta del veterano de guerra fue un disparo en la cabeza. El joven Richard estaba en la escena del crimen, pero nunca dijo nada a nadie. Mike fue absuelto, aduciendo estrés postraumático. Pero Ramírez jamás olvidaría ese suceso. Era la primer escena violenta que vivía en carne propia y, según indicarían especialistas posteriormente, un momento clave de su vida. Envuelto en una vida sin sentido y sin demasiadas esperanzas, el futuro Night Stalker, empezaría su carrera dentro del crimen. Un camino que iniciaría con la ayuda de drogas, robos menores y asaltos, pero que llegaría hasta límites inimaginables.
SATANISMO A RITMO DE ROCK AND ROLL
Muchas veces, desde el sensacionalismo que algunos medios de comunicación le imprimen a sus noticias para generar mayores beneficios, se alimentan cuestiones infundadas. ¿Cómo escuchar repetidamente las sugestivas letras de un grupo de rock podían causar el despertar del instinto asesino de una persona? Pero así lo interpretaron algunos medios estadounidenses.
Ramírez era fanático del grupo de hard rock australiano AC/DC. Y le atribuyeron a los músicos parte de la responsabilidad de lo que el Night Stalker había cometido.
Decían que sus letras con mensajes que instaban a adorar al diablo habían despertado algo inusual en Richard Ramírez. Pero lo cierto es que la personalidad psicopática del despiadado asesino serial ya había dejado de estar latente mucho antes de toparse con un poco de música rock.
Este muchacho de aliento desagradable y dientes podridos, por causa de su alimentación basada en dulces y comida basura, profesaba una extraña adoración por el diablo. Hasta el extremo de pintar símbolos satánicos en la escena del crimen y en su propio cuerpo.
También mostraba un alarmante desprecio hacia la sociedad. Sociedad a la que empezó a enfrentarse de manera drástica un 28 de junio de 1984, en la ciudad de Los Ángeles, donde se encontraba viviendo desde hacia algunos años.
El JUEGO DEL DIABLO
Para Richard Ramírez, el asesinato era solo un juego, sus crímenes no seguían ningún móvil aparente. Según sus propias declaraciones, su juego favorito al salir de "caza", era buscar a la presa.
Mientras escuchaba en un walkman música de AC/DC, buscaba a una presa que le inspirara, una vez elegida la seguía hasta su domicilio y procedía a violar, golpear y matar.
Su primera víctima mortal fue Jeannie Vincow, una anciana de 79 años que fue encontrada muerta al día siguiente por su propio hijo. La mujer había sido violada y asesinada de varias puñaladas. Las heridas recibidas en el cuello fueron tan brutales que casi la decapitan. Prácticamente tardo un año en volver ha actuar el incipiente criminal. Fue cuando María Hernández llegaba a su hogar y se encontró con Ramírez, quien le apuntó a la cabeza instantáneamente. Pero la suerte estuvo del lado de la mujer, ya que el disparo que efectuó el asesino se amortiguó en las llaves de la afortunada. Su compañera de cuarto, Dayle Okazaki no corrió la misma suerte y falleció instantáneamente víctima de un certero disparo en la cabeza.
Acabó con el hombre de un fulminante disparo. A la mujer le mostró el lado más oscuro de su crueldad: le arrancó los ojos de sus órbitas con una cuchara y le rajó todo el cuerpo.
Posteriormente, en casa del matrimonio Wu, también acabó con el esposo de un tiro en la cabeza y, al no encontrar nada de valor en el hogar -también tenía alma de ratero-, maniató y violó a la mujer de 63 años, dejándola con vida.
La señora Wu facilitó a la policía la misma información que la otra superviviente. Un hombre alto, de tez morena, aspecto temible y rasgos latinos. Todos los crímenes, a pesar de algunas variantes que presentaban los casos, tenían puntos en común. Pero Richard Ramírez aun sentía que tenía demasiado por hacer.
De allí en adelante se desataría un frenesí de sangre que no haría distinciones de sexo, edad, razas ni modos de ataque, lo que desconcertaba aun más a los investigadores, que ya estaban de por sí alarmados de los cada vez más cortos lapsos de tiempo entre ataque y ataque. Ancianos, niños, mujeres, jóvenes. Robos, violaciones, felaciones forzadas, secuestros, disparos, puñaladas y ritos satánicos eran las opciones que escogía casi sin distinción el instinto salvaje de Richard Ramírez. Ya no solamente Los Ángeles era el epicentro de sus crímenes sino que también había llegado ha actuar en San Francisco.
LA CAIDA DEL NIGHT STALKER
Sus antecedentes por robo de coches le delatarían. Por primera vez, el merodeador nocturno tenía nombre. Se trataba de Ricardo Leyva Ramírez. El retrato robot no tardo en aparecer en toda la prensa.La circunstancia en la que fue capturado Richard Ramírez fue algo curiosa.
No fue un baño de sangre, ni una trepidante persecución: lo redujeron personas comunes y corrientes mientras entraba en una tienda a comprar donuts y coca cola. Una mujer lo reconoció y al grito de “matadle, matadle”, movilizo a una multitud que lo persiguieron y lo golpearon hasta que llego una patrulla policial que evito el linchamiento de Ramírez.
Las expedientes jurídicos dictaminarán que Ricardo Leyva Ramírez fue culpable de catorce asesinatos, cinco intentos de homicidio, nueve violaciones (tres a menores), dos secuestros, cuatro actos de sodomía, dos felaciones forzadas, cinco robos y catorce allanamientos de morada.
Pero cuando el asesino no sigue patrones de conducta tan claramente identificables y varía su modus operandi de un crimen a otro, nunca está dicha la última palabra. Por eso mismo otros casos no resueltos pueden haber llevado su sello de autor.
Richard Ramírez jamás colaboró con las investigaciones policiales y se negó rotundamente a aportar datos que permitieran una reconstrucción más adecuada de los hechos. A pesar de haber sido condenado a la cámara de gas hace más de quince años, todavía no ha sido ejecutado. El asesino que mantuvo en vilo a toda la población de la costa oeste estadounidense durante casi dos años, transcurre sus días en el corredor de la muerte en San Quintín, a la espera de que la justicia sentencie su final... o quizás esperando que sus abogados dilaten la pena capital el máximo tiempo posible.
Por Carlos Cabezas López
Bibliografía:ABEIJON, P. mundomisterioso.com. "Un serial killer satánico". [En línea]."[Consultado:15-09-2007]. Disponible en: <http://portal.mundomisterioso.com/crimenes/un-serial-killer-satanico.html>
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BRUNO, A. Crime Library. "The Night Stalker: Serial Killer Richard Ramirez".[En línea]."[Consultado:15-09-2007]. Disponible en: <http://www.crimelibrary.com/serial_killers/notorious/ramirez/terror_1.html>.
CARBALLAL, M. El Archivo del crimen. "Richard Ramirez: El merodeador nocturno".[En línea].[Consultado:15-09-2007]. Disponible en: <http://manuelcarballal.blogspot.com/2006/12/richard-ramirez-el-merodeador-nocturno.html>.



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