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[CRÓNICA NEGRA] Issei Sagawa: El Canibal Japonés

Tema en 'Caso Cerrado' comenzado por Kamila, 5 de Noviembre de 2017.

  1. Kamila

    Kamila New Member

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    El japonés media 1,50 mts. Sus manos y pies pequeños, incluso su voz era de mujer. Había mencionado en algunas entrevistas que era el tipo de hombre que la mayoría de mujeres no encontraría atractivo. Conocedor de su falta de atractivo físico y de su extrema timidez, estaba obsesionado con tener a su lado "la mujer perfecta".

    En el libro "Asesinos Caníbales" de Moira Martingale, describen a Issei Sagawa como un estudiante japonés inteligente, obsesionado con las mujeres altas de rasgos occidentales. Su fantasía se hizo realidad mientras estudiaba Literatura Inglesa en la Universidad de Wako en Tokio.

    "Cuando me encontré a esta mujer en la calle," dijo después al reportero británico Peter McGill, "me pregunté si podría comerla".

    Pero Sagawa ya venía perturbado de antes. Un verano se había metido por la ventana de un departamento donde observó a una mujer dormida con la exigua ropa cubriendo sus intimidades. Intentó apuñalarla o golpearla pero carecía de elementos y, al despertarse la joven, tuvo que huir.

    Empezó a investigar y vigilar a sus potenciales víctimas para planear sus ataques y que no pudieran escapar.

    Mientras estudiaba en el Censier Institute de Paris en 1981, Sagawa conoce a una mujer alemana, alta, rubia y bonita llamada Renee Hartevelt. Apenas se sentó a su lado se enamoró perdidamente. No pudo dejar de pensar en su piel blanquísima, según declararía.

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    Era la mujer perfecta para lo que tenía en mente, pero debía ser cuidadoso y preparar mejor su plan. Renee tenía 25 años, hablaba tres idiomas y con futuro prometedor, su objetivo era un Ph.D en literatura francesa (es la de la foto).

    Sagawa le pidió que le enseñara alemán, su padre era multimillonario y podría pagarle cualquier sueldo. Ella aceptó. Le gustó su inteligencia, su conocimiento de pintura y literatura europea. Y el japonés aprovechó y le escribió cartas de amor, la invitó a conciertos y exposiciones de arte.

    Como mencioné antes, Sagawa era pequeño, con rasgos femeninos y además cojeaba. Un tipo insignificante y feo de verás. Renee salía a menudo con él y con frecuencia lo invitaba a su apartamento a tomar el té. Sus continuas salidas a bailes, alimentaba con fruición las fantasías de Sagawa, tornándolas cada vez más macabras.

    Cierto día invitó a Renee a cenar a su apartamento, le pidió que le leyera un poema de un escritor alemán. Apenas se marchó, Sagawa olió y lamió el lugar donde ella se había sentado y juró que se la comería, que probaría sus delicadas carnes blancas, esto le permitiría poseerla para siempre.

    Al poco, la invitó de nuevo a cenar. Tenía una filmadora y la grabó recitando poemas. El 11 de Julio de 1981 al final preparó todo para comérsela.

    Para su protección, siendo un tipo insignificante, había comprado un rifle calibre 22. El mismo lo guardó cerca de la sala donde iban a reunirse, debajo de un sillón, a mano.

    Cuando llegó la joven la invitó a un té, hablaron horas y horas, y tuvo la precaución de suministrarle whisky en el té para ponerla “cachonda” y que pudiera rendirse a su influjo.

    No funcionó. La muchacha lo rechazó vehementemente mientras le acariciaba sus piernas. Le dijo que sólo quería ser su amiga, nada más (imagino que lo debió ver como su mascota al infeliz)

    Sagawa se pone de pie desconcertado. Y, acto seguido, mientras Renne lee incomoda un poema, saca el rifle y le dispara en el cuello.

    Contento de que finalmente es suya, la desnuda y le corta un pedazo de pezón y de nariz para devorarlos.

    “Yo corte su cadera”, escribió luego en su cuento titulado, “En la Niebla“.

    Se preguntó dónde debería morder primero. Pensó en las nalgas. Así quedó al final el cuerpo de la estudiante:

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    En su libro, describe paso a paso su ritual, la apariencia de grasas, músculos y su sabor. Cuando la grasa sale por los cortes hechos con el cuchillo, la describió de consistencia y apariencia del maíz amarillo, la olió y encontró que no tenía ningún olor.

    Siguió cortando para encontrar la carne más profunda, puso dos filetes en su boca: “Su sabor es de un rico pescado crudo similar al sushi, no he comido nada más delicioso”, afirmaba.

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    Usando un cuchillo eléctrico empezó a cortar a Renee en partes, hizo varios filetes para mordisquearlos crudos, el resto lo guardó en su refrigerador.

    Preparó una comida rápida de carne humana frita con mostaza, tomó fotografías del cadáver mutilado y tuvo relaciones sexuales con lo que quedaba de él.

    “Cuando yo la abrazo”, grabó en una cinta de audio, “ella suspira y le digo que la amo”.

    El japonés estaba claramente demente. Mientras cocinaba, oyendo la grabación que le había hecho a Renne en vida, se limpiaba la carne cruda que había ingerido con su ropa interior a guisa de servilleta.

    Esa noche durmió acompañado por primera vez en su infecta vida. Hizo el amor con el cadáver mutilado a su lado, formando estelas de sangre en las sábanas. Pero se sentía feliz, un término que, como vemos, es del todo subjetivo para quien lo experimenta.

    Amaneció con el cuerpo y lo olió: todavía estaba en buen estado y podría darse suculentas comidas. Desayunó un brazo, recortó el ano y lo puso en su boca, pero su olor terrible hizo que tuviera que escupirlo. Lo intentó comer friéndolo pero el olor no mitigaba y al final lo devolvió al cadáver.

    Al tiempo, las moscas hicieron su aparición. Alrededor del cadáver, buscaban donde inocular sus larvas. Sagawa consideró que la “luna de miel” había concluido.

    La cortó en pedazos aún más pequeños y la metió en una maleta. Pero no quería desaprovechar nada, ni a último momento, ni nunca. Con la mano de la chica se masturbó, y guardó como trofeos parte de su nariz, labios y lengua.

    Este desgraciado escribió: “Yo quiero su lengua, no puedo abrir su mandíbula, pero puedo alcanzarla entre sus dientes. Finalmente sale, la hago estallar en mi boca y me miró masticándola en el espejo. Luego voy por los ojos”.

    Lo siguiente que había hecho Sagawa fue arrancar sus órganos interiores, pero los ácidos estomacales le quemaron sus manos. Con un hacha le rebanó la cabeza, y mientras la observaba sujetándola de los cabellos, se repetía a si mismo: “Ahora comprendo que soy un verdadero caníbal”.

    El problema le vino al deshacerse del cadáver. Pesaba mucho, y cuando intenta meterlo en un taxi la gente se lo queda viendo. Al final, asustado, lanza todo y huye corriendo. La gente se acerca y descubre un brazo asomándose.

    Más tarde la policía lo arrestaría y confesaría todo. Su necesidad de carne venía desde muy niño, de un sueño que dice haber tenido que lo marcó. ¡Un sueño! . Tenía la fantasía de comerse una mujer que le fuera inaccesible a su talla insignificante, y la alemana representaba sus más alocados delirios.

    La policía encontró en su departamento restos de la muchacha en el refrigerador, un olor infecto en todo el inmueble, y Sagawa excusándose de que era un enfermo mental. Sagawa fue condenado a un periodo indefinido de prisión en el asilo Paul Guiraud. Los psiquiatras que lo examinaron concluyeron que era irrecuperable.

    Sin embargo, su multimillonario padre, Akira Sagawa, presidente de Kurita Water Industries en Tokio, hizo un trato para que en 1984 su hijo fuera transferido al hospital psiquiátrico Matsuzawa en Japón.

    El fiscal creyó que allí estaría preso de por vida, pero sólo permanece preso 15 meses y queda libre en agosto de 1985, de nuevo, gracias a su malnacido padre.

    Una vez libre, viaja a Alemania, concede entrevistas en televisión, se declara amante de la carne humana donde afirma que es uno de los mejores alimentos, e incluso filma videos pornográficos y escribe cuatro novelas que son un éxito de ventas.

    Actualmente es el centro de atención de toda esa gente que le gusta acercarse a un necrófilo y caníbal como es él. Eso le divierte. Y dice: "El público me ha hecho el padrino de canibalismo. Y estoy contento y feliz con eso."

    Qué puedo añadir, el asco que siento por este personaje y su padre es infinito. La injusticia, una vez más, de la mano del dinero.
     

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