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[ASESINO EN SERIE] Thierry Paulin, la bestia de París

Tema en 'Caso Cerrado' comenzado por Bentham, 29 de Octubre de 2017.

  1. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

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    (28 de noviembre de 1963 - 16 de abril de 1989)

    Paulin era estudiante, tenía pocos amigos y se sentía acomplejado por su color de piel morena. En octubre y noviembre de 1984, ocho ancianas fueron asesinadas en París. Golpeadas hasta la muerte, sus cabezas fueron halladas en bolsas de plástico. Según los forenses, una de ellas había sido obligada a beber limpiador de desagües.

    Entre diciembre de 1985 y junio de 1986, otras ocho ancianas fueron asesinadas. La policía no lograba identificar al asesino, pero llegó a la conclusión de que era el mismo. En 1986, Paulin se enteró de que era VIH-positivo. Sabiendo que su enfermedad le depararía una muerte inminente organizó grandes fiestas con las tarjetas de crédito y el dinero sustraído a sus víctimas. Al año siguiente, y en sólo dos días, Paulin asesinó a tres mujeres. Una de ellas, a la que Thierry había dado por muerta, se recuperó y fue capaz de facilitar su descripción. Mientras Paulin celebraba su cumpleaños número 24 fue arrestado. Admitió todo. Acusado de 18 asesinatos, se atribuyó la responsabilidad de 21 y fue enviado a prisión a la espera del juicio.

    Un año más tarde, Paulin fue hospitalizado por su enfermedad, en un estado de parálisis casi total y murió la noche del 16 de abril de 1989. La película J’ai pas sommeil, de Claire Denis, se basó en su historia.
     
  2. Kamila

    Kamila New Member

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    El 5 de octubre de 1984 dos hombres atacaron a una anciana de 91 años robándole todos sus ahorros tras atarla, amordazarla y golpearla. Cuando la encontraron, su estado de nervios era tal que fue incapaz de proporcionar una descripción de los agresores.

    Ese mismo día, otra anciana de 83 años era atacada en un distrito vecino, pero la mujer no contó con tanta suerte como la anterior, pues la atacaron golpeándola fuertemente y la asfixiaron posteriormente con una almohada robándole la pequeña cantidad de 200 francos. El cadáver fue encontrado atado con la cuerda de una cortina.

    Cuatro semanas más tarde, fue hallada otra mujer, esta vez de 89 años, asfixiada con una bolsa de plástico y a la que le faltaban unos 500 francos y un reloj valorado en 300 francos.

    A partir de ahí los crímenes se volvieron más violentos y de una crueldad extrema.

    La siguiente víctima fue una maestra jubilada de 71 años, quien tras ser amordazada y maniatada con un cable, fue golpeada con tal fuerza que tenía la nariz y la mandíbula rotas. Habían utilizado una bufanda para estrangularla. La autopsia revelaría posteriormente que la mayoría de los huesos de la parte derecha del cuer po se hallaban destrozados. El asesino se llevó unos 10,000 francos.

    Dos días después se encontró un nuevo cadáver. Una mujer, de 84 años, había recibido varios golpes en el rostro, luego le dieron una mortal paliza y la torturaron hasta la muerte. Tenía la boca y la garganta abrasadas por ácido; la habían obligado a ingerir sosa cáustica, quizá para que confesara dónde guardaba el dinero. Se calcula que el botín fue de unos 500 francos. Así continuaron los crímenes en días sucesivos hasta alcanzar la terrible cantidad
    de ocho mujeres brutalmente golpeadas y asesinadas en tan sólo cinco semanas.

    La policía apenas podía realizar la inspección ocular del lugar del crimen cuando ya se le notificaba de otro caso.

    El robo de dinero parecía ser el único móvil de aquellos crímenes brutales, pero las cantidades eran tan ridículas que la policía pronto desechó la idea. Cuando la policía parisina intentó trazar un perfil del asesino de ancianas le resultó muy complicado, pues aquellos crímenes no encajaban en ningún modelo cono
    cido. El asesino no tenía móvil sexual, pero sí era desconcertante el sadismo y la brutalidad demostrados en los crímenes.

    Los investigadores dedujeron en seguida que se trataba de una persona sin empleo fijo, debido a las horas en que se cometieron los asesinatos. Además, debía contar con buena presencia física que le facultaba entrar sin forzar en las viviendas de las ancianas. A tenor de las heridas, debía ser corpulento.

    En todo París no se habló de otra cosa que los crímenes de las ancianas. Hubo manifestaciones, protestas, la población alzada ante el crimen.

    De a poco el pánico invadió la ciudad. Se efectuaron despliegues considerables de policías en las zonas donde el asesino solía frecuentar.

    Dos años más tarde, en el verano de 1986, este asesino serial había acabado con la vida de dieciséis ancianas. De pronto, no hubo más crímenes. Una ola de paz cubrió la ciudad.

    ¿Era posible que hubiera frenado la pulsión asesina que suele envolver a esta clase de psicópatas?.

    Sí, pero no voluntariamente. En realidad al temible asesino lo tenían ya entre rejas, detenido por una absurda venta de cocaína. Y se llamaba Thierry Paulin.

    Thierry Paulin nació el 28 de noviembre de 1963 en la isla caribeña de La Martinica, y al poco tiempo de su nacimiento su padre abandona la familia.

    Su madre, de 17 años, lo envió con su abuela dueña de un restaurante con poco tiempo para nietos. Con poco afecto familiar, creció solo y siendo un joven difícil y violento.

    Su madre, años después, contrae nupcias con otro hombre y tiene tres hijos con él. Debido al carácter irascible de Thierry deciden mandarlo a Francia con su auténtico padre, bien lejos de esa nueva familia.

    Pero su padre biológico estaba casado y con dos hijos, por lo que tuvo que aprender a integrarse en una nueva familia.

    Tenía 18 años cuando roba un supermercado con un cuchillo de carnicero y huye con el dinero de la caja. Pero logran dar con él, y pasa una semana en la cárcel.

    Thierry tenía una afinidad sexual con su mismo género, es decir, era homosexual, y pronto se instala e integra en la vida nocturna gay parisina donde consigue un empleo en un Night Club especializado en shows de travestis.

    Es en ese antro donde conoce a su novio: Jean Mathurin. Viven juntos en un hotel, mientras que en la noche Thierry hace shows vestido de travesti. Ganaba bien, comían en lugares lujosos, se dejaban ver en las fiestas típicas y clubes de moda, pero el dinero fue mermando poco a poco.

    Y sin dinero, la crisis de pareja: celos, discusiones, que haces tú que hago yo, y al final la necesidad de dinero. Endeudados, cambiaron de alojamiento a un cuchitril, forzados a efectuar pequeñas estafas, traficar drogas, robar tarjetas, lo que fuera mantuviera su estilo de vida venido a menos.

    La noche parisina ayudó en sus crímenes. En su ambiente nadie sospechó nada. Ahora bien, que haya escogido ancianas no ha quedado del todo claro. Quizá un resentimiento hacia la imagen de su abuela que no le prestaba atención de niño y por cuya causa fue de casa en casa.

    Pero Thierry tenía una única obsesión: ser el centro de atención de los demás. Por eso se rodeaba de personas que invitaba a sus fiestas, les daba drogas y alcohol a cambio de tenerlos de amigos.

    Una vez fue puesto en libertad por aquel asunto de drogas, Thierry continuó asesinando. En tanto, los investigadores continuaban intentando dar la caza al asesino. Tal es así, que la primera víctima, a la cual no asesinó, luego de recuperarse del trauma tras tres años del episodio, pudo dar una descripción detallada de su agresor.

    El retrato robot circuló por todas las comisarías de Paris y al poco pudo ser identificado Thierry y detenido. Lo interrogaron sin tregua durante 48 horas hasta que acabó desplomándose y confesándolo todo. Era autor de más de 20 homicidios. Indiferente, Thierry narró sus asesinatos como quien narra una aventura sin importancia. Para este hombre la vida de otro ser humano, en especial una anciana, carecía de valor. En su sembradío de muertes tuvo un socio: Jean Mathurin.

    Al final, fue condenado, y murió en su celda mientras agonizaba de sida el 16 de abril de 1989, con tal sólo 26 años.
     

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