1x01 - Caso Abierto: Robert Theodore Bundy
El rostro del monstruo
Ted Bundy: el rostro del monstruo
Publicado en Casoabierto · Ficha criminal · Estados Unidos, 1974-1989
En abril de 2026, las autoridades de Utah anunciaron que la genealogía genética había permitido confirmar, con casi medio siglo de retraso, la autoría del asesinato de Laura Aime, una adolescente de 17 años desaparecida la noche de Halloween de 1974 en Lehi. El responsable llevaba más de tres décadas muerto. Se llamaba Theodore Robert Bundy, pero el mundo lo conoció simplemente como Ted.
El cierre formal de un caso de 1974 mediante técnicas de 2026 dice algo importante sobre Bundy: ningún criminal estadounidense del siglo XX dejó un rastro tan largo, tan extendido geográficamente y tan resistente al paso del tiempo. Esta es su historia.
Un estudiante modelo con una doble vida
Ted Bundy nació el 24 de noviembre de 1946 en Burlington, Vermont. A primera vista, su biografía era la de un joven prometedor de clase media estadounidense: estudios de psicología en la Universidad de Washington, voluntario en una línea telefónica de crisis en Seattle, miembro activo del Partido Republicano local, novio estable de una mujer llamada Elizabeth Kloepfer.
Lo que nadie sospechaba —ni sus profesores, ni su pareja, ni la compañera de turno en la línea de crisis, una tal Ann Rule que años después le dedicaría el libro The Stranger Beside Me— era que entre enero de 1974 y febrero de 1978 ese mismo joven secuestró, violó y asesinó a un mínimo de treinta mujeres jóvenes en seis estados: Washington, Oregón, Utah, Idaho, Colorado y Florida.
Treinta es la cifra que el propio Bundy reconoció en sus confesiones de enero de 1989, en las horas previas a su ejecución. Los investigadores manejan un número superior a 36 víctimas documentadas, y el detective Bob Keppel, que lo interrogó durante años, sostuvo que Bundy llegó a insinuar un total cercano al centenar.
Los crímenes por estados (1974-1978)
Washington: el cazadero universitario
La oleada comienza el 1 de febrero de 1974 con la desaparición de Lynda Ann Healy, estudiante de 21 años, del distrito universitario de Seattle. La siguen, a un ritmo casi mensual, Donna Manson (Evergreen State College, marzo), Susan Rancourt (Ellensburg, abril), Brenda Ball (Burien, junio) y Georgann Hawkins (campus de la UW, junio).
El punto de inflexión llega el 14 de julio de 1974 en el Lago Sammamish. En un parque estatal abarrotado, a plena luz del día, un hombre con el brazo en cabestrillo aborda a varias mujeres pidiéndoles ayuda para subir una vela al techo de su Volkswagen Beetle. Se presenta como “Ted”. Esa tarde desaparecen Janice Ott y Denise Naslund, con apenas cuatro horas de diferencia. Por primera vez hay descripciones físicas, un nombre de pila y un coche concreto.
Los restos de cinco de estas mujeres aparecerán meses después en Taylor Mountain. Los de Ott y Naslund, en Issaquah.
Oregón y Utah: el patrón se extiende
En mayo de 1974 desaparece Kathy Parks en la Universidad Estatal de Oregón. A finales de ese verano Bundy se traslada a Salt Lake City para estudiar Derecho, y la lista crece: Nancy Wilcox (octubre), Melissa Smith —hija del jefe de policía de Midvale—, Laura Aime y Debby Kent.
El mismo 8 de noviembre de 1974 en que Kent desaparece del parking de su instituto, una joven llamada Carol DaRonch logra escapar de un hombre que se hace pasar por policía en un centro comercial de Murray. DaRonch sobrevive, recuerda la matrícula y, sobre todo, recuerda la cara. Su testimonio será decisivo.
Colorado e Idaho
A principios de 1975 Bundy traslada su zona de caza a las estaciones de esquí de Colorado. Cae Caryn Campbell en Snowmass, Julie Cunningham en Vail, Denise Oliverson en Grand Junction, Susan Curtis en el campus de BYU. En Idaho, en mayo de 1975, desaparece Lynette Culver: tenía 12 años.
El modus operandi
El patrón se repite con una precisión casi industrial:
Un Volkswagen Beetle con el asiento del copiloto retirado para facilitar el transporte de cuerpos.
Una artimaña de vulnerabilidad: brazo en cabestrillo, muletas, escayola falsa. En el caso DaRonch, una placa de policía falsificada.
Un kit de herramientas guardado en el maletero: palanca, máscara de esquí, otra máscara hecha con una media recortada en los ojos, cuerda, picahielos, linterna, guantes, bolsas de basura y esposas.
Golpe inicial con objeto contundente, traslado al vehículo, agresión sexual y estrangulamiento.
Visitas posteriores a los lugares donde abandonaba los cuerpos.
Era un cazador organizado, paciente y altamente móvil. Y, a diferencia de la mayoría de asesinos en serie, era atractivo, articulado y socialmente integrado. Esa fue durante años su mejor coartada.
La primera detención: 16 de agosto de 1975
A las 2:30 de la madrugada, el sargento Bob Hayward de la Patrulla de Carreteras de Utah persigue a un Volkswagen Beetle de color canela en Granger. Cuando para el coche, encuentra en su interior el kit completo. Bundy es arrestado por evadir a la policía.
Carol DaRonch lo identifica en una rueda de reconocimiento. El 1 de marzo de 1976 es condenado por secuestro a entre uno y quince años en la Prisión Estatal de Utah. Es la primera vez que el sistema le pone nombre y rostro al “Ted” del Lago Sammamish.
Las dos fugas
Colorado reclama a Bundy en octubre de 1976 para juzgarlo por el asesinato de Caryn Campbell. Trasladado al Palacio de Justicia del condado de Pitkin, en Aspen, decide ejercer su propia defensa. Eso le da acceso a la biblioteca jurídica.
Primera fuga, 7 de junio de 1977. Durante un descanso en la biblioteca, Bundy abre una ventana de la segunda planta y salta. Pasa seis días en las montañas antes de ser recapturado.
Segunda fuga, 30-31 de diciembre de 1977. Trasladado a la cárcel del condado de Garfield, en Glenwood Springs, Bundy adelgaza deliberadamente durante semanas y sierra con una hoja de sierra un panel del techo de su celda. Se desliza por el techo falso, cae en el apartamento vacío del jefe de carceleros, se viste con ropa de calle y sale por la puerta principal. La fuga no se detecta hasta diecisiete horas después.
Para entonces ya ha cogido un autobús a Denver, un avión a Chicago, un tren a Ann Arbor, otro autobús a Atlanta y otro más a Tallahassee, Florida. Llega el 7 de enero de 1978.
Florida: las últimas víctimas
Una semana después de instalarse en Tallahassee, en la madrugada del 15 de enero de 1978, Bundy entra en la casa de la hermandad Chi Omega de la Universidad Estatal de Florida. Mata a Margaret Bowman y a Lisa Levy, y deja gravemente heridas a Kathy Kleiner y Karen Chandler. Esa misma noche ataca a Cheryl Thomas en una casa cercana de Dunwoody Street. Thomas sobrevive.
Tres semanas más tarde, el 9 de febrero, secuestra a Kimberly Diane Leach, de 12 años, del instituto Lake City Junior High. Su cuerpo aparecerá el 7 de abril en el Parque Estatal del Río Suwannee.
El 15 de febrero de 1978, el oficial David Lee detiene en Pensacola un Volkswagen robado. El conductor dice llamarse “Ken Misner”. Veinticuatro horas después, las huellas dactilares revelan a Bundy. Esta vez no escapará.
Los juicios: la silla eléctrica al alcance de la cámara
El juicio Chi Omega se celebra en Miami entre junio y julio de 1979, presidido por el juez Edward Cowart. Es el primer juicio criminal retransmitido en directo a nivel nacional en la historia de Estados Unidos. Bundy ejerce de nuevo su propia defensa, asistido por cinco abogados de oficio en calidad consultiva.
La prueba decisiva es odontológica: el doctor Richard Souviron demuestra que las marcas de mordida halladas en el cuerpo de Lisa Levy coinciden con la dentadura de Bundy. El 24 de julio de 1979 es declarado culpable de dos asesinatos en primer grado, tres tentativas y dos robos con allanamiento. Una semana después, pena de muerte.
En enero de 1980, en Orlando, se celebra el juicio por el asesinato de Kimberly Leach. Durante la vista, y aprovechando una particularidad del derecho de familia floridano, Bundy aprovecha el testimonio de Carole Ann Boone —amiga desde 1974 que se había mudado a Florida para apoyarlo— para pedirle matrimonio en pleno estrado. Un notario presente lo formaliza. El tribunal lo admite como matrimonio válido. La hija de ambos, Rose, nacerá en octubre de 1982. Boone se divorciaría de él en 1986.
El 7 de febrero de 1980, tercera condena a muerte.
Diez años en el corredor
El recluso número 069063 de la Prisión Estatal de Florida pasó casi una década esquivando la ejecución. En 1984 intentó una tercera fuga serrando los barrotes de su celda y disimulando los cortes con jabón; la “comprobación de barrotes” del 18 de julio lo descubrió. Dos sentencias de muerte se firmaron y se suspendieron a última hora, una de ellas apenas quince horas antes de la inyección, en marzo de 1986.
La última orden judicial llegó el 18 de noviembre de 1988 y no hubo aplazamiento. En los días finales, Bundy ofreció confesiones detalladas al detective Bob Keppel y al agente del FBI Bill Hagmaier, intentando canjear información por más tiempo. El 23 de enero de 1989 concedió una última entrevista al locutor evangélico James Dobson, en la que culpaba a la pornografía de sus actos.
A las 7:16 de la mañana del 24 de enero de 1989, en la silla eléctrica conocida como “Old Sparky”, el Estado de Florida lo ejecutó. Sus últimas palabras, dirigidas a su abogado Jim Coleman y al reverendo Fred Lawrence, fueron: “Dad mi amor a mi familia y a mis amigos”. Una multitud celebraba en el exterior del penal.
Por qué Bundy sigue importando
La confirmación por ADN del caso Aime, en abril de 2026, es solo la última de una serie de razones por las que el nombre de Ted Bundy continúa siendo una referencia obligada en cualquier conversación sobre criminología, psicología forense o justicia penal.
Bundy obligó a la policía estadounidense a reconocer la existencia del asesino en serie itinerante, capaz de operar simultáneamente en varias jurisdicciones sin coordinación entre ellas. Forzó la creación de bases de datos centralizadas (el VICAP del FBI tiene parte de su origen en este caso). Demostró que el carisma puede ser una herramienta de caza más eficaz que el anonimato. Y mostró, para alarma de generaciones de criminólogos, hasta qué punto un perfil socioeconómico “normal” puede convivir con una conducta absolutamente desviada.
Sus víctimas —Lynda, Donna, Susan, Brenda, Georgann, Janice, Denise, Kathy, Nancy, Melissa, Laura, Debby, Caryn, Julie, Denise, Susan, Lynette, Margaret, Lisa, Kimberly y todas las que probablemente nunca tendrán nombre— eran, en su mayoría, estudiantes universitarias o adolescentes. Mujeres jóvenes a las que se les robó la vida en la franja exacta en que empezaba a abrirse ante ellas.
Que en 2026 una de esas familias haya podido, por fin, cerrar oficialmente el caso de su hija recuerda algo esencial: en criminología no existen los casos prescritos. Solo casos abiertos, y casos pendientes.
Fuentes principales: Sumarios judiciales State of Florida v. Theodore Robert Bundy (Chi Omega, 1979; Kimberly Leach, 1980); archivo desclasificado del FBI; cintas de confesión Bundy-Keppel (Washington State Archives); entrevistas Bundy-Hagmaier; Ann Rule, The Stranger Beside Me (1980); Stephen Michaud y Hugh Aynesworth, The Only Living Witness (1983) y Conversations with a Killer (1989); Bob Keppel, The Riverman (1995); Polly Nelson, Defending the Devil (1994); Elizabeth Kendall, The Phantom Prince (1981).
🎙️ Ya disponible el primer episodio: Ted Bundy - El rostro del monstruo.
Prepárate para entrar en uno de los capítulos más oscuros de la criminología moderna.


